El título se inspira en el principio budista: lo diminuto y lo infinito no se oponen; en una semilla cabe el universo entero. Alude tanto a la semilla que porta la vida como a la idea de que en un puñado de tierra o un recuerdo reside la fuerza para reiniciar el cosmos.
El diseño central hace creer que la protagonista arriba a un planeta desconocido con su nave, cabina y tierras desérticas de tono carmesí. Pero al hallar una vieja fotografía en el fango, todo cambia: nunca abandonó la Tierra, sino que regresó a contemplar su renacer.
No es un acertijo temporal, sino un retorno poético: volver a la Tierra es regresar a nuestro lazo inseparable con la naturaleza. Creemos que la salvación está en mundos lejanos, cuando la respuesta duerme bajo el suelo herido que aún podemos sanar.